CON EL CAÑÓN EN LA BOCA

Un espacio para el desahogo, para el ahogo, para la soledad, para la compañía, para perder el control y retomarlo, para perderse completo y reencontrarse a medias, para ser un personaje y ser el autor al mismo tiempo, para gritar desaforado todos los silencios.

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Nombre: Ricardo Hinojosa Lizárraga
Ubicación: Miraflores, Lima, Peru

Comienzo esto a la edad en que otros han terminado todo lo que les quedaba por hacer en vida: Hendrix, Morrison, Janis, Cobain. Que poco pueden parecer a veces 27, cuanto pueden significar en otras ocasiones. Fuera de eso, ya cumplí con los rituales del colegio y la universidad, el de los vanos intentos de socialización, el de la escuela de vida que te prepara para saber adonde no volver, o como extraviarte totalmente en la búsqueda de ser individual y no borrego de modas y antojos circunstanciales. Aunque, a pesar de eso, prosiga ahora como todos, como uno más, ganándome el pan y trabajando, cumpliendo protocolos y horarios, aunque prefiera quedarme en casa, escribir según mi ánimo, darle curso al onanismo (el mental y todos sus hermanos), almorzar cuando no toque, escupir al cielo eventualmente o sencillamente chasquear los dedos frente al público y hacer mi gran desaparición. A pesar de todo eso, estoy aquí, sacando bien, siempre con el cañón en la boca, tentando el número final que me haga perenne.

agosto 25, 2009

Tan calaveras y tan diablitos


Rebotaban del suelo a ritmo de ska cuando otros cantaban no quererlo más; experimentaron con el jazz mientras el público esperaba pachanga; salsearon con Blades, vaciaron vasos con Celia Cruz y fueron los genios del dub, de la cumbia, del reggae e incluso del son, hasta que se separaron en el 2002. Hoy, 7 años después, vienen a Lima dispuestos a demostrar que la canción que es valiente, es canción para siempre. Será porque tienen el secreto para que el silencio se convierta en carnaval.




Por: Ricardo Hinojosa Lizárraga




Poco más de 20 días después que en Londres se formara Pink Floyd y casi un mes antes de la fecha en que se supone Dylan les diera por primera vez un poco de hierba a los Beatles, el Hospital Italiano de Buenos Aires era alborotado por el nada musical ni volátil nacimiento de dos peladitos bocones: Gabriel Julio y Flavio Oscar, que nacieron con 48 casuales horas de diferencia en ese julio del 64, hijo de una época que inspiró a tantos. Las enfermeras que sufrieron envolviendo en pañales sus primeros berridos, no imaginaban las alegrías rítmicas con que ellos y su banda de talentosos amigotes envolverían a miles años más tarde. Silencio, hospital, el verdadero carnaval acaba de comenzar.



Yo te avisé, y vos no me escuchaste

El lugar tenía un lleno total, gracias a la expectativa que estaba causando una bandita devota de Madness y The Clash acostumbrada a tocar en pequeños sitios. “Señoras y señores, con ustedes, ¡¡Los fabulosos Cadillacs!!”. Tras los aplausos de rigor y la posterior tocada, aquel presentador de circuito undergound bonaerense no sospechó jamás que su adjetivo estaba sumándose desde ese mismo instante y para siempre a Cadillacs 57, el nombre que hasta esa noche tuvo la banda liderada por Gabriel Fernández Capello y Flavio Cianciarullo. Según una entrevista publicada en Rolling Stone, en una de aquellas noches de joda de músicos amateurs producida en ese tiempo, algún quemado del grupo remedó a Verónica Castro en El derecho de nacer, y otro, más quemado aún, recordó al personaje Albertico Limonta. Bromas buenas iban, chongos malos venían, y con el humo que no se detenía, Gabriel terminó bautizado como Vicentico. Felizmente para el mundo, tras aprender a colocar extraños apelativos, los ya Fabulosos dominaron el fino arte de alterar las masas y la seductora locura de escribir canciones. Bares y Fondas, de 1986, fue el disco que le dio a la Argentina una alegría paralela a las que ya le daba Maradona. Después de todo, el Pibe de Oro necesitaba otros 10 para vencer en una cancha, y los Fabulosos Cadillacs eran una selección de apenas 9: Vicentico (voz y guitarra), Flavio Cianciarulo, alias Sr. Flavio (bajo), Sergei Itzcowick (trompeta), Sergio Rotman (saxofón alto), Luciano Giugno, alias Luciano Jr. (percusión), Mario Siperman (teclado), Anibal Rigozzi (guitarra), Fernando Gabriel Ricciardi (batería) y Naco Goldfinger (saxofón tenor). Después de las brillantes campañas en los distintos estadios del ritmo, conseguidas gracias a discos como Yo te avisé (1987), El ritmo mundial (1988), El satánico Dr. Cadillac (1989) y el Volumen 5 (1990), estos muchachos demostraron que la Copa de la Vida podía ser toda suya.







¿Yupi pa ti yupi pa mi?

Para 1991, los Cadillacs ya habían causado sensación con Yo no me sentaría en tu mesa, Mi novia se cayó en un pozo ciego, el cover de The Clash Revolution rock y Vasos vacíos, que para Vicentico fue “una canción lindísima que tiene un toque mucho más romántico al ser cantada a dúo con Celia Cruz”. Sin embargo, empezaba a notarse una peculiaridad que se reforzaría en los años siguientes: el público bailaba las canciones y, aunque podía cantarlas a gritos, se olvidaba del verdadero significado de sus letras. Eso sucedió, por ejemplo, con la crítica social de temas como El genio del dub y el Satánico Dr. Cadillac, otros éxitos de esa etapa. Tras alcanzar lo que para muchos entendidos fue el primer pico creativo del grupo con el Volumen 5 y, más precisamente, con Demasiada presión, las cosas cambiaron un poco. Este tema fue el primero que los músicos consideraron de un excelente nivel. Sin embargo, tras el punto alto de la composición de Vicentico, llegaron los problemas económicos y la disquera empezó a presionar en busca de hits. Los músicos, en lugar de mandar todo a la Gran M, pasaron saliva, agarraron valor y entonaron un watanegui consup bien sonoro, seguido del inextirpable Yupi pa ti yupi pa mi, tras lo cual perpetraron su propia versión de ese clásico de la Banda Blanca, gastronómicamente bautizado como Sopa de caracol….hey!! "No sé lo que estábamos pensando, para ese tiempo estábamos harto mal de la cabeza”, aseguró Vicentico sobre este exabrupto. La mayoría considera aquel momento como el más bajo en la carrera de la banda, con ideas que parecieron llegar a un punto de saturación. Tras algunos cambios en sus integrantes, la inspiración pareció volver muy bien acompañada por éxitos radiales y de discotecas con canciones que, irónicamente y como ya mencionamos, contenían interesantes letras, a las que no se les prestaba suficiente atención. Ejemplos hay varios: El León (queridos enemigos de siempre/ hoy dejo este mundo de dolor/nunca se olviden/que el llanto de la gente/va hacia el mar), o Carnaval toda la vida (Y se va pasando el tiempo/y que la vida se te va/solo te pido que vuelvas de verdad/y que el silencio/se convierta en carnaval), ambas del espectacular disco El León, de 1992. En el 93 llegaría el recopilatorio Vasos vacíos, que incluía los inéditos Matador y V Centenario. Justamente, el video del primero de estos temas ganaría un premio MTV, intensificando la fama de la banda y, cómo no, sus alegres desbandes sobre escenarios de todo el continente. El 95 trajo consigo al Rey Azúcar, influenciado por lecturas de Eduardo Galeano, como la que da título a uno de los mejores temas del disco: Las venas abiertas de América Latina. Ese disco también incluyó un hit que contó con la colaboración del ex The Clash Mick Jones: Mal Bicho (Es malo tu destino/¿que marcó tu camino?/la canción que es valiente /es canción para siempre), y la estupenda participación de la vocalista de Blondie, Deborah Harry, en el delicioso cover beatle Strawberry fields forever. Los Cadillacs habían cumplido 10 años integrando en sus canciones los mensajes e ideales de una América Latina que quería llorar y bailar al mismo tiempo.



Cuando comienza a irse el sol y la cerveza ya se empieza a acabar...

El 96 los Cadillacs empezaron las giras por Europa de una manera muy singular. Por ejemplo, en el St. Gallen Festival, en Suiza, un gran concierto al aire libre donde no solo compartieron escenario con grandes como Cypress Hil, o Sex Pistols, sino que se dieron el lujo de cerrar el evento tras la participación de Red Hot Chili Peppers. Aunque no lo crean, Flea y Anthony Kiedis telonearon a Vicentico, Flavio y compañía, quienes probaron que siguiendo la luna se llega bien lejos.

Para ese entonces se producen nuevos cambios en la banda. Anibal "Vaino" Rigozzi pasa a la producción del grupo y la posta en la guitarra la toma Ariel Sanzo, “Minimal”, quien se encargaría de darle un nuevo espectro sonoro a las siguientes producciones de la banda, destacando el trabajo realizado en Fabulosos Calavera, de 1997. El hit radial fue sin duda Calaveras y diablitos, pero también destacan la composición a dúo con Rubén Blades, Hoy lloré canción y los tributos a dos ídolos de la banda: Astor Piazzola y Ernesto Sábato, en dos temas con nombre propio. Con este álbum obtienen el primer premio Grammy para una banda Latinoamericana en 1998. Según diversas fuentes es en esta etapa cuando empieza a resquebrajarse la unidad de la banda, cuando comienza a irse el sol y la cerveza ya se empieza a acabar. Una de las más significativas salidas fue la del saxofonista Sergio Rotman, compositor de temas como Siguiendo la luna o Amnesia. Él mismo se encargó de dar señas sobre su salida: “Yo creo que en una época el grupo funcionó realmente como una unidad imbatible, era intocable. Tocábamos en donde sea y la gente salía extasiada. Pero, a la vez, había gente adentro con mal corazón. No digo que fueran necesariamente los músicos, pero hubo un momento que estaba todo muy bien y después había mucho de querer sacar provecho y caretear para cagar al otro”. No cabe duda que el tiempo pasa pronto y todo tiene su final…



A pesar de todo, al grupo le alcanzaron las fuerzas para editar un estupendo álbum en estudio que, fuera de las recopilaciones y los “Hola” y “Chau” grabados en vivo, se convierte en su último trabajo conjunto de composición, hasta este año. La marcha del golazo solitario saldría en 1999, y mostraría la evolución musical de una agrupación que había heredado a dos generaciones la mitología de sus letras e himnos quilomberos. Pero esa mitología era una hidra de varias cabezas, cada una de las cuales quería escribir su propia historia. Tras unos años de gira y una separación que pareció temporal, los Cadillacs dieron su último concierto el 14 de mayo del 2002 en el Acapulco fest, en México. A pesar que sería Vicentico quien más acaparara la atención posterior de los medios con sus discos solistas, casi todos los ex integrantes del grupo iniciaron algún proyecto en solitario. Al fin y al cabo la vida es para gozarla, la vida es para sentirse mejor.



¿Ahora somos más hermanos que antes?

Si bien ya habían diversos rumores sobre una reunión de la banda desde días previos al fallecimiento del percusionista Gerardo “Toto” Roblat -a causa de un edema pulmonar- en abril de este año, esa tristeza fue sin duda un detonante decisivo. Lo cierto es que, tras el celebrado retorno de Soda Stereo, este es el único evento comparable en magnitud y en trascendencia, aunque sus propuestas sean diametralmente opuestas: Soda puede poner a un estadio lleno en trance; los Cadillacs pueden volverlo loco. Total, en la vida todos queremos tocar el cielo…



2 Comments:

Blogger barrunto said...

bravazo el texto !

11:08 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Sencillamente Impecable, te felicito

2:54 p. m.  

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