Tan calaveras y tan diablitos

Rebotaban del suelo a ritmo de ska cuando otros cantaban no quererlo más; experimentaron con el jazz mientras el público esperaba pachanga; salsearon con Blades, vaciaron vasos con Celia Cruz y fueron los genios del dub, de la cumbia, del reggae e incluso del son, hasta que se separaron en el 2002. Hoy, 7 años después, vienen a Lima dispuestos a demostrar que la canción que es valiente, es canción para siempre. Será porque tienen el secreto para que el silencio se convierta en carnaval.
Por: Ricardo Hinojosa Lizárraga
Poco más de 20 días después que en Londres se formara Pink Floyd y casi un mes antes de la fecha en que se supone Dylan les diera por primera vez un poco de hierba a los Beatles, el Hospital Italiano de Buenos Aires era alborotado por el nada musical ni volátil nacimiento de dos peladitos bocones: Gabriel Julio y Flavio Oscar, que nacieron con 48 casuales horas de diferencia en ese julio del 64, hijo de una época que inspiró a tantos. Las enfermeras que sufrieron envolviendo en pañales sus primeros berridos, no imaginaban las alegrías rítmicas con que ellos y su banda de talentosos amigotes envolverían a miles años más tarde. Silencio, hospital, el verdadero carnaval acaba de comenzar.
Yo te avisé, y vos no me escuchaste
El lugar tenía un lleno total, gracias a la expectativa que estaba causando una bandita devota de Madness y The Clash acostumbrada a tocar en pequeños sitios. “Señoras y señores, con ustedes, ¡¡Los fabulosos Cadillacs!!”. Tras los aplausos de rigor y la posterior tocada, aquel presentador de circuito undergound bonaerense no sospechó jamás que su adjetivo estaba sumándose desde ese mismo instante y para siempre a Cadillacs 57, el nombre que hasta esa noche tuvo la banda liderada por Gabriel Fernández Capello y Flavio Cianciarullo. Según una entrevista publicada en Rolling Stone, en una de aquellas noches de joda de músicos amateurs producida en ese tiempo, algún quemado del grupo remedó a Verónica Castro en El derecho de nacer, y otro, más quemado aún, recordó al personaje Albertico Limonta. Bromas buenas iban, chongos malos venían, y con el humo que no se detenía, Gabriel terminó bautizado como Vicentico. Felizmente para el mundo, tras aprender a colocar extraños apelativos, los ya Fabulosos dominaron el fino arte de alterar las masas y la seductora locura de escribir canciones. Bares y Fondas, de 1986, fue el disco que le dio a la Argentina una alegría paralela a las que ya le daba Maradona. Después de todo, el Pibe de Oro necesitaba otros 10 para vencer en una cancha, y los Fabulosos Cadillacs eran una selección de apenas 9: Vicentico (voz y guitarra), Flavio Cianciarulo, alias Sr. Flavio (bajo), Sergei Itzcowick (trompeta), Sergio Rotman (saxofón alto), Luciano Giugno, alias Luciano Jr. (percusión), Mario Siperman (teclado), Anibal Rigozzi (guitarra), Fernando Gabriel Ricciardi (batería) y Naco Goldfinger (saxofón tenor). Después de las brillantes campañas en los distintos estadios del ritmo, conseguidas gracias a discos como Yo te avisé (1987), El ritmo mundial (1988), El satánico Dr. Cadillac (1989) y el Volumen 5 (1990), estos muchachos demostraron que la Copa de la Vida podía ser toda suya.
¿Yupi pa ti yupi pa mi?
Para 1991, los Cadillacs ya habían causado sensación con Yo no me sentaría en tu mesa, Mi novia se cayó en un pozo ciego, el cover de The Clash Revolution rock y Vasos vacíos, que para Vicentico fue “una canción lindísima que tiene un toque mucho más romántico al ser cantada a dúo con Celia Cruz”. Sin embargo, empezaba a notarse una peculiaridad que se reforzaría en los años siguientes: el público bailaba las canciones y, aunque podía cantarlas a gritos, se olvidaba del verdadero significado de sus letras. Eso sucedió, por ejemplo, con la crítica social de temas como El genio del dub y el Satánico Dr. Cadillac, otros éxitos de esa etapa.
Cuando comienza a irse el sol y la cerveza ya se empieza a acabar...
El 96 los Cadillacs empezaron las giras por Europa de una manera muy singular. Por ejemplo, en el St. Gallen Festival, en Suiza, un gran concierto al aire libre donde no solo compartieron escenario con grandes como Cypress Hil, o Sex Pistols, sino que se dieron el lujo de cerrar el evento tras la participación de Red Hot Chili Peppers. Aunque no lo crean, Flea y Anthony Kiedis telonearon a Vicentico, Flavio y compañía, quienes probaron que siguiendo la luna se llega bien lejos.
Para ese entonces se producen nuevos cambios en la banda. Anibal "Vaino" Rigozzi pasa a la producción del grupo y la posta en la guitarra la toma Ariel Sanzo, “Minimal”, quien se encargaría de darle un nuevo espectro sonoro a las siguientes producciones de la banda, destacando el trabajo realizado en Fabulosos Calavera, de 1997. El hit radial fue sin duda Calaveras y diablitos, pero también destacan la composición a dúo con Rubén Blades, Hoy lloré canción y los tributos a dos ídolos de la banda: Astor Piazzola y Ernesto Sábato, en dos temas con nombre propio. Con este álbum obtienen el primer premio Grammy para una banda Latinoamericana en 1998. Según diversas fuentes es en esta etapa cuando empieza a resquebrajarse la unidad de la banda, cuando comienza a irse el sol y la cerveza ya se empieza a acabar. Una de las más significativas salidas fue la del saxofonista Sergio Rotman, compositor de temas como Siguiendo la luna o Amnesia. Él mismo se encargó de dar señas sobre su salida: “Yo creo que en una época el grupo funcionó realmente como una unidad imbatible, era intocable. Tocábamos en donde sea y la gente salía extasiada. Pero, a la vez, había gente adentro con mal corazón. No digo que fueran necesariamente los músicos, pero hubo un momento que estaba todo muy bien y después había mucho de querer sacar provecho y caretear para cagar al otro”. No cabe duda que el tiempo pasa pronto y todo tiene su final…
A pesar de todo, al grupo le alcanzaron las fuerzas para editar un estupendo álbum en estudio que, fuera de las recopilaciones y los “Hola” y “Chau” grabados en vivo, se convierte en su último trabajo conjunto de composición, hasta este año. La marcha del golazo solitario saldría en 1999, y mostraría la evolución musical de una agrupación que había heredado a dos generaciones la mitología de sus letras e himnos quilomberos. Pero esa mitología era una hidra de varias cabezas, cada una de las cuales quería escribir su propia historia. Tras unos años de gira y una separación que pareció temporal, los Cadillacs dieron su último concierto el 14 de mayo del 2002 en el Acapulco fest, en México. A pesar que sería Vicentico quien más acaparara la atención posterior de los medios con sus discos solistas, casi todos los ex integrantes del grupo iniciaron algún proyecto en solitario. Al fin y al cabo la vida es para gozarla, la vida es para sentirse mejor.
¿Ahora somos más hermanos que antes?
Si bien ya habían diversos rumores sobre una reunión de la banda desde días previos al fallecimiento del percusionista Gerardo “Toto” Roblat -a causa de un edema pulmonar- en abril de este año, esa tristeza fue sin duda un detonante decisivo. Lo cierto es que, tras el celebrado retorno de Soda Stereo, este es el único evento comparable en magnitud y en trascendencia, aunque sus propuestas sean diametralmente opuestas: Soda puede poner a un estadio lleno en trance; los Cadillacs pueden volverlo loco. Total, en la vida todos queremos tocar el cielo…
2 Comments:
bravazo el texto !
Sencillamente Impecable, te felicito
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