CON EL CAÑÓN EN LA BOCA

Un espacio para el desahogo, para el ahogo, para la soledad, para la compañía, para perder el control y retomarlo, para perderse completo y reencontrarse a medias, para ser un personaje y ser el autor al mismo tiempo, para gritar desaforado todos los silencios.

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Nombre: Ricardo Hinojosa Lizárraga
Ubicación: Miraflores, Lima, Peru

Comienzo esto a la edad en que otros han terminado todo lo que les quedaba por hacer en vida: Hendrix, Morrison, Janis, Cobain. Que poco pueden parecer a veces 27, cuanto pueden significar en otras ocasiones. Fuera de eso, ya cumplí con los rituales del colegio y la universidad, el de los vanos intentos de socialización, el de la escuela de vida que te prepara para saber adonde no volver, o como extraviarte totalmente en la búsqueda de ser individual y no borrego de modas y antojos circunstanciales. Aunque, a pesar de eso, prosiga ahora como todos, como uno más, ganándome el pan y trabajando, cumpliendo protocolos y horarios, aunque prefiera quedarme en casa, escribir según mi ánimo, darle curso al onanismo (el mental y todos sus hermanos), almorzar cuando no toque, escupir al cielo eventualmente o sencillamente chasquear los dedos frente al público y hacer mi gran desaparición. A pesar de todo eso, estoy aquí, sacando bien, siempre con el cañón en la boca, tentando el número final que me haga perenne.

marzo 14, 2008

Anticucho de Corazón



“¡Anticucho de corazón!, ¡anticucho de corazón!”, recuerdo haber escuchado gritar hace casi un año en una calle de Miraflores a una simpaticona negra culo-de-ña-batea que no solo me hizo recordar a la morena del spot “¡Ay no que paaaaltaaaa!” de Ña Pancha, sino también, al ver la cantidad de parejas reunidas a su alrededor, la fecha en la que estábamos. Hora 15 del día 14 del mes 2 del año 2 que andaba sin media naranja, flaca, plancito, sacabien, coyuntura o tantas otras palabras con las que el bípedo promedio se refiere a la pareja.

Otro San Valentín solo. Uno más y en realidad no me preocupa demasiado cuanto va la cuenta o cuantos anticuchos de corazón ha consumido de mi el inefable público femenino. Apenas un mensaje de amistad en mi celular y varias llamadas que prefiero no recibir infartan a mi pobre teléfono. Y nadie se acerca a mi habitación, aunque esta trinchera sea sólo custodiada por las tropas de la soledad: El Almirante Depresión, el Capitán Nostalgia y el Soldado Tristeza (El Comandante Amor Seguro quiso traer a su pelotón, pero sus soldados estaban desnudos y avergonzados).

Entonces, tuve que conformarme con pasar el resto del día en casa, alquilar unos recuerdos y comerme el Pop Corn de la memoria-ironía mientras trabajaba mi cabeza, mientras habitaba por unos segundos nuevamente mi pasado conectándome a la Matrix de un MSN imaginario que no bloqueara a nadie y diera acceso a lora a cualquier falda que en tiempo pretérito me hubiera hecho –literalmente- bailar tap en patines, estonearme de solo mirarla o vivir la love story completa en un segundo de ensoñación. Acelerados e innumerables flashbacks caían sobre mi como páginas de un libro caen sobre sus propios números al cerrarse, imponentes. Escenas que no tenían la más mínima relación con lo que veía en mi televisor, pero que sin embargo eran significativas en mi “Curriculum Lover”, en el Historial Clínico de ese virus hirviente de sangre invisible que – tibios nosotros - tan solo atinamos a llamar amor.

Recordaba no solo rostros, nombres, faldas, escotes, buenlejos, planchasquemadas, ayquericos y otros, sino que además las sensaciones, los styles, la attitude, el charm de cada chica me eran casi palpables por algunos instantes. Caí vencido por las visiones y mi cama era el lecho fúnebre que me veía morir. Estaban ahora proyectadas en el techo todas, todas las que alguna vez pusieron sus libretos en mi mesa pidiéndome el papel de Julieta e inventando un balcón. ¡Y que talento! ¡Cuánta clase! ¡Cuánta vida y entrega pusieron algunas en su actuación!.

Ahora puedo aprovechar el monse y convencional San Valentín para revivir ese largo casting que ha sido mi vida amorosa. Todas las tretas, mañas, floros, inventos, recursos que me (y que las) movían para conseguir objetivos de cópula y arrumaco y como estos variaban con los años. Es el mejor 14 de febrero. Aquel que inicié solo y que terminé al final con todas las que alguna vez quise, echadas a mi lado, apapachándose orgiásticamente en mis recuerdos. La soledad de hoy no es más que una autoexclusión finalmente. Un autoexilio momentáneo, devolución de mi pasaporte y see you later República Dependiente de Cursilandia. Manda fruta.



(Texto publicado en la edición Nº45 de la revista Urbania. Lima, Perú, Febrero 2008. (Sí, ya sé, se me pasó el 14.02 para publicarla...humm...por eso lo hago justo un mes después...jajaja)

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1 Comments:

Blogger Eliana. said...

No nací con el don de tener que reflejar ciertos sentimientos en días predeterminados. ¿Por qué abrazar a mi madre o darle un obsequio cada segundo domingo de mayo?

Lo mismo sucede con el dichoso día de los enamorados. ¿Por qué ir al cine, al telo o a comer ese día, qué pasa con las parejas los otros 364 días del año?

4:09 p. m.  

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